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Isla en Karraspio
Dos hombres trabajando en el caserío
Una Fuente antigua

Aulesti - Historia

Aunque su nombre oficial hoy en día sea Aulesti, el nombre originario es Murelaga; nombre que adoptó cuando se creó la anteiglesia, pues la parroquia estaba situada en el lugar que hoy en día se conoce con el nombre de Murla, hasta su traslado a la puebla en 1640. Aulesti era el nombre que recibía la calle o el núcleo urbano. El pueblo en sí era Murelaga y el lugar donde residían los habitantes, es decir la puebla, se llamaba Aulesti.

Fue el 9 de Agosto de 1979 cuando el Ayuntamiento decidió adoptar oficialmente el nombre de Aulesti. Los habitantes de Aulesti contaban con dos regidores en la Junta General de Gernika y tomaban el asiento y voto número 19. El primer dueño fue un noble de Navarra: Diego García (a finales del siglo X.).

En la Edad Media por cada barrio de Aulesti se construyó una ermita. Dichas ermita además de ser un lugar para la oración, dotaban de identidad al barrio, funcionando también como punto de encuentro de los habitantes. Por aquel entonces, solía enterrarse a los muertos alrededor de la ermita, pero poco a poco, se tendió a ir a la iglesia de San Juan (Parroquia).

La anteiglesia de Aulesti o Murelaga, se creó para lograr la unión administrativa y política en el siglo XIII. Para ello, la ermita de S. Juan situada en Murla se convirtió en parroquia y el poder se institucionalizó. La base y directriz de dicha unión la formaron los miembros de las casas solariegas de los Aulestia, y fueron ellos los verdaderos impulsores de la patriarcalización del poder, consiguiendo poner bajo su subordinación a todo el territorio.

En los siglos anteriores, la política se basaba en los altercados entre algunas familias poderosas: los Oinacinos y los Ganboinos. Las familias más conocidas de los demás pueblos se unían a ellos y formaban su propio entorno en el pueblo, ya que se trataba de familias muy influyentes. Así, la Casa Torre de los Aulestia siempre se mostró a favor de los Oinacinos, arrastrando consigo al pueblo.
En 1495, se quemó la única calle existente, causando grandes pérdidas.

Ferrerías:

A pesar de ser un pueblo dedicado por completo a la agricultura, hay que destacar la importancia que tuvieron los ferrones. De hecho, la práctica totalidad de la gestión económica del territorio estaba en manos de éstos. Por lo tanto, correspondía a ellos decidir sobre la utilidad de las tierras de la comunidad, continuar o finalizar los juicios impuestos por otras jurisdicciones o establecer las leyes de las actividades tras la lectura específica de los Fueros de Bizkaia.

Se piensa que Aulesti se creó como centro de servicios y poder. Al parecer, para que Aulesti se convirtiese en villa, eran necesarias más tierras y una ordenación legal más amplia.

En gran medida, esto explica que se haya apoderado de las actividades artesanales y preindustriales, o el hecho de que las cofradías de la anteiglesia hayan aceptado la gestión de la totalidad del territorio: Allí establecieron el ayuntamiento, los bares, las pensiones, la iglesia, las cofradías religiosas...

Según menciona Iturriza en su obra sobre la historia de Bizkaia, en el siglo XVII. existían tres ferrerías en Aulesti.

La Colegiata de Ziortza y Murelaga:

La Colegiata data del siglo X. Cuando en los montes y praderas de sus alrededores se construían nuevas edificaciones procuraba que las mismas quedasen bajo su propiedad. La vinculación existente se materializaba, por una parte, en rentas, primicias o diezmos o en cualquier otra ofrenda, pero, también, afectaba a los deberes religiosos. De esta manera, aquellos cuya casa se encontraba dentro de los pertenecidos de la colegiata eran obligados a optar por Ziortza, a pesar de que la parroquia les resultara más cercana. Así, algunos caseríos de Amoroto, Ajangiz, Berriatu, Guizaburuaga, Lekeitio, Lumo, Murelaga, y otros tantos más, debían cumplir con su fe y con sus tradiciones en Ziortza y se veían obligados a recorrer kilómetros para ir a misa, acudir a los funerales y cumplir con sus deberes religiosos.

Todo ello originó que algunos habitantes no pudiesen o no quisiesen acudir a dichos oficios. Como consecuencia, las autoridades de la iglesia se vieron obligados a esforzarse más para que los caseríos construídos en sus propiedadades cumplieran con las ofrendas. De ahí las imposibilidades de pagar la renta. Aquellos que no llegaban al pago o se demoraban en el mismo eran reiteradamente requeridos para el cumplimiento de sus obligaciones, bien por las buenas o bien mediante la actuación de agentes de la ley.

No era la Colegiata de Ziortza la única que trataba y establecía compromisos con dichos pobladores de los caseríos. También estaban los dueños de los bosques y montes de los alrededores, tanto condes como marqueses. Durante el último siglo fue la marquesa de Mortara quien recogía la renta.

Comienzos del siglo XIX:

Los inicios del siglo XIX. fueron muy duros para muchas casas de la zona. Debido a las guerras de la época, a menudo se requería la ayuda de la población, víveres, ropas o dinero, y el pueblo debía aportar esa ayuda obligatoriamente.

También en años anteriores se conocían deudas en muchas casas, pero en el año 1810, por orden del gobernador militar francés Thouvenet, se convocó a todas las casas y se les instó a declarar todos sus ingresos y su situación general. En ese momento todas las casas declararon tener deudas. Hay que tener en cuenta además, que no eran únicamente los propietarios de las casas los que declaraban dicha situación. También los arrendatarios se declaraban endeudados, aduciendo la carga de la casa o cualquier otro motivo. ¿Pero en deuda con quién? Algunos con la iglesia, otros con los vecinos, con el convento etc. Además de los agricultores, los habitantes urbanos también hacían lo mismo. El propio ayuntamiento, en las cuentas que presentó por aquel entonces, declaraba una deuda de 70.466 reales a la parroquia y 16.632 reales a otros ciudadanos, manifestando que no podía hacer frente a las deudas contraídas.

No se ha sabido si esas deudas ejercieron algún tipo de influencia o no. Pero una cosa es indudable: que las peticiones de los franceses en la guerra, provocaron graves adversidades en las familias, ya que las peticiones se hacían sin ninguna piedad y nadie podía librarse del pago, llegando a hipotecar sus casas por temor a castigos más duros.

El cura Santa Cruz en Aulesti:

El cura Santa Cruz y su grupo, entraron en Aulesti la víspera del día de Santa Águeda, el 3 de Febrero de 1873, hacia las diez de la noche, un día en el que la lluvia, la nieve y la tormenta que venía desde Munitibar azotaba sin piedad. Les venía siguiendo el grupo de Ansotegi y se dirigieron hacia la abadía en busca de refugio y calor.

Dispusieron a dos hombres en el camino de Munitibar y otros tantos en el de Lekeitio y en el de Gernika, para que, en caso de que apareciese algún enemigo, uno de ellos se quedase vigilando y el otro corriese a dar el aviso. El día 4 de ese mes, hacia las ocho de la mañana, un guardián de los que se hallaba haciendo guardia en Goikola-Etxebarri, trajo la noticia de que el enemigo venía de Zubibarriaga y llegaría antes de media hora.

Así, el grupo salió hacia Lekeitio y cruzó el puente Antzidor, a un cuarto de hora de Aulesti, a la derecha del río Lea. El río bajaba muy caudaloso debido a la tormenta de la noche anterior. Allí mismo, alrededor del atajo del Camino de Olarria, sobre Angiz, encontraron un lugar apropiado.

Ansotegi, el jefe del otro bando llegó a Aulesti a las nueve de la mañana, y sin parar continuó hacia Antzidor. Cuando los primeros llegaron a ese lugar, los últimos aún no habían salido del pueblo. Ocuparon su lugar en la orilla izquierda del río Lea, pero no se atrevieron a cruzar hasta la orilla en que estaba el cura Santa Cruz, ya que los carlistas les podían derrotar fácilmente.

Permanecieron más de una hora en esa situación: mientras tanto, los habitantes de Aulesti miraban por sus ventanas, preocupados y temerosos del momento en que fuera a iniciarse el mortal tiroteo entre los unos y los otros. Fue entonces cuando el párroco sufrió un infarto, muriendo en el acto.

Por último, los carlistas se dirigieron hacia Berriatua, y el liberal Ansotegi después de seguirles durante un tiempo, dio media vuelta y pasó el día en Aulesti.

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