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Historia de Lea Ibarra
Historia de Lea Ibarra

Valle Lea - Historia de Lea Ibarra

Introducción

Aunque existen indicios anteriores, no se conocen datos específicos hasta la Edad Media. A partir de esa época hasta el año 1850, la agricultura, la ganadería y la silvicultura fueron los pilares de la sociedad. Apenas existían el comercio (algo más en Munitibar que en el resto de los pueblos), y la artesanía. Puede afirmarse que eran autosuficientes y que contaban con los elementos imprescindibles (vestimenta, calzado, herramientas...), por lo que no tenían necesidad de acudir a ningún otro lugar en busca de dichos elementos.

Economía y actividades laborales

  • - Agricultura: La mayor revolución, sin lugar a dudas, la trajo el maíz en el siglo XVI. Se adaptó mejor que el resto de los cereales a las características del Valle de Lea, y puesto que conseguían mejores cosechas que con el trigo, en el transcurso de los años acabó imponiéndose: en el siglo XVII la producción de maíz era más importante que la producción de trigo.
    Al principio se utilizaba para alimentar a los animales, hasta que se vieron obligados a emplearlo como alimento familiar en periodos de malas cosechas y hambrunas.
    El maíz provocó otros dos cambios importantes: por una parte, el proceso de roturado de la tierra, que aunque al principio se utilizaron las tierras que estaban en desuso para el cultivo de maíz, pronto se extendió a las tierras de pasto y a los bosques, y, por otra parte, aportó trabajo para un período estacional en el que habitualmente los agricultores permanecían más inactivos.
  • - Ganadería: a pesar de resultar un tanto perjudicada por la agricultura al apropiarse de los pastos para el cultivo del maíz, la ganadería era fundamental en la sociedad de aquella época, debido a que, además de proveer de carne, leche y cuero, era una importante fuente de ingresos. Asimismo, los animales resultaban imprescindibles como fuerza de trabajo y producción de abono.
  • - Silvicultura: esta actividad, permitía complementar los ingresos provenientes de la agricultura y de la ganadería, y al mismo tiempo ayudaba a suavizar las penalidades de una mala cosecha, ya que recolectando castañas y bellotas aseguraban el alimento de hombres y animales. Precisamente eran el castaño y el roble las especies de árboles más extendidas en estos bosques.
    Pero fundamentalmente la madera de los arboles se utilizaba para la construcción, como fuente de calor para los hogares y combustible en las ferrerías.
    Con el transcurso de los siglos, comenzaron a vender los montes comunales para librarse de las deudas contraídas por el municipio, y, poco a poco todos los bosques se convirtieron en propiedades privadas.
  • - Ferrerías: Se crearon en la Edad Media, pero fue durante el Antiguo Régimen (1600-1850) cuando adquirieron vital importancia. Estaban situadas a orillas del río y cerca de los bosques -el carbón y la fuerza del agua eran imprescindibles para poner en marcha las máquinas-.
    Los propietarios solían ser los adinerados de la zona, y la mayoría de las veces se solían arrendar. Tras varias crisis, para cuando finalizó el Antiguo Régimen las ferrerías del valle habían dado todo lo que cabía esperar de las mismas. En algunos pueblos, adquirieron mayor importancia que en otros, pero, en cualquier caso, su producción no fue demasiado relevante debido a que se trata de un valle con dificultades para la comunicación y de escaso comercio.
  • - Molinos: esta industria surgió de la necesidad de convertir el trigo y el maíz en harina, por lo que siempre ha sido una actividad subordinada a la agricultura. Adquirió su mayor importancia durante el Antiguo Régimen.
    Proliferaron más que las ferrerías en esta zona, puesto que en realidad resultaban más necesarias, en la medida en que todos los agricultores los utilizaban para moler el trigo y el maíz. Como consecuencia de esta dependencia directa, las malas cosechas y las crisis perjudicaban al molinero tanto como al propio agricultor.

Sociedad

En la mayoría de los casos las propiedades quedaban en manos de unas pocas familias de linaje.

Controlaban el poder económico y político (riqueza industrial, ferrerías y molinos), y acogían al resto de la población como arrendatarios de sus tierras y posesiones.

A finales del Antiguo Régimen, el número de dueños descendió muy notablemente, creciendo, en consecuencia, el de arrendatarios. Esto sucedió principalmente por tres razones: una, las leyes forales no permitían repartir la propiedad entre los descendientes, y excepto el heredero, todos los demás parientes se convertían en arrendatarios o emigraban; por otra parte, los pequeños propietarios al no poder hacer frente a las crisis, vendían con facilidad sus propiedades; y por último, la roturación de las tierras posibilitaba la proliferación de terrenos para arrendar.

La vida de los arrendatarios resultaba realmente penosa. Debían trabajar duro para conseguir pagar la renta, y muchas veces, debido a las crisis, se veían obligados a pedir prestamos para poder pagarla.

En caso de no poder responder a la deuda contraída con los préstamos, las consecuencias podían resultar realmente graves. En el caso del pequeño propietario, podía resultar abocado a la perdida de todas sus propiedades y convertirse en arrendatario. Los más pobres no tendrían más opción que ofrecer la cosecha del año siguiente a cambio del préstamo. Si la cosecha de ese año resultaba ser mala, estaban absolutamente perdidos.

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